Un documental cuenta la historia del canadiense Omar Khadr, de origen musulmán, que fue detenido a los 15 años en Afganistán acusado de haber asesinado a un soldado estadounidense, y trasladado a la cárcel de Guantánamo donde hoy, casi diez años después, permanece prisionero. Por Adrián Pérez
A pesar del repudio unánime y las denuncias constantes que la comunidad internacional realizó en el último tiempo, la administración del presidente Barack Obama insiste en mantener un edificio que insulta por igual a toda la humanidad. En 2002 y con tan sólo 15 años de edad, Omar Khadr --un ciudadano canadiense de origen musulmán-- fue detenido por el Ejército de los Estados Unidos en Afganistán y acusado de darle muerte a un efectivo del cuerpo de elite Delta Force. Si bien el delito nunca se comprobó completamente, el joven fue enviado malherido a la cárcel de Bagram, donde recibió toda clase de torturas, y posteriormente trasladado a la prisión de Guantánamo. Patricio Henríquez y Luc Côté comparten una amistad de más de veinte años y son los realizadores de A usted no le gusta la verdad: 4 días en Guantánamo. El documental, de reciente estreno en la muestra internacional docBuenosAires, denuncia el periplo de Khadr desde que cayó en manos de los militares estadounidenses hasta los interrogatorios a los que fue sometido por agentes de Inteligencia del Servicio Secreto canadiense (CSIS, según sus siglas en inglés) en la bahía cubana.
De izquierda a derecha: Luc Côté, Dennis Edney y Patricio Henríquez (Imagen: Sebastián Feijoo). Henríquez y Côté conocieron su historia a partir del trabajo infatigable de Dennis Edney y Nathan Withling. Los abogados presentaron recursos legales en la Corte Suprema de Canadá para desclasificar el interrogatorio grabado en 2003, cuando agentes del CSIS viajaron a la isla acompañados por una agente de la CIA para encontrarse con Khadr. Con 16 años cumplidos, el joven fue sometido en Guantánamo a un insidioso cuestionario que incluyó manipulación y maltrato moral. En julio de 2008, la Corte accedió al pedido de los abogados y le ordenó al gobierno de ese país levantar el secreto que pesaba sobre el audiovisual. “Conocíamos el caso de Omar y nos indignaba pero no nos habíamos propuesto hacer una película. Cuando supimos de la existencia del video, y empezamos a verlo, nos dimos cuenta de que estábamos ante un material absolutamente pertinente para un documental”, dice Henríquez.
Aprovechando las elecciones que se celebrarían en octubre de 2008, los realizadores pensaron en rodar un film de quince minutos, para amplificar la acusación contra el gobierno canadiense por su complicidad con EE.UU. en la detención de Khadr. Finalmente descartaron la idea del corto. A usted no le gusta la verdad: 4 días en Guantánamo utilizó el registro de las siete horas de interrogatorio, grabado por tres cámaras ocultas en la cárcel estadounidense, bajo una luz artificial. Parte del sonido fue borrado aduciendo “motivos de seguridad nacional”. Los rostros de los agentes fueron tapados por una placa gris.
LO QUE BIG BROTHER REVELO
“Rápidamente nos dimos cuenta de que necesitábamos contextualizar ese material. Necesitábamos que mucha gente ligada a Omar estuviera en nuestra película”, explica el realizador chileno. Entonces, los cineastas hicieron sus valijas y viajaron a distintos países para recoger los testimonios de compañeros de prisión, torturadores, abogados y familiares de Khadr. Llevaron con ellos la primera edición de los archivos desclasificados. “Le mostramos el video a cada una de esas personas y les pedimos que comentaran un determinado fragmento”, describe Henríquez el proceso de preproducción. “Cuando explicamos que íbamos a filmar un documental sobre Omar, la gente decía: ‘Si se trata de él, quiero participar’. No hubo esfuerzo en convencerlos para que estuvieran en la película”, agrega Côté.
--Más allá de la buena predisposición, contactar al soldado norteamericano que vio cómo lo torturaban o al compañero de celda que lo animaba a mantenerse fuerte no debe haber sido sencillo.
P.H.: --Por Guantánamo pasaron ochocientas personas. Los que lograron salir dieron varias entrevistas al regresar a sus países. Además, los grupos de derechos humanos, que son muy organizados en EE.UU. y en Europa, establecieron listados de prisioneros. Guantánamo es una cárcel compartimentada. Como Dennis explicó (en la conferencia de prensa), existen secciones secretas, separadas por el grado de peligrosidad de los presos. Hay personas que estuvieron ahí al mismo tiempo y no se conocieron. Teníamos muchos nombres pero queríamos conocer a la gente que había estado detenida con él. Eso fue una constante durante nuestra investigación. Si bien la película trató sobre su vida hasta hoy nunca lo vimos; todavía sigue allí. Nadie entra a Guantánamo más allá de algunos abogados.
L.C.: --Tuvimos un apoyo increíble de la periodista del Toronto Star que aparece en la película (Michelle Shepard). Escribió un libro sobre Omar (Guantanamo’s child: The untold story of Omar Khadr) que fue una referencia para nosotros. Ella fue muy generosa al facilitarnos muchos contactos.
--Aunque al momento de su detención era prácticamente un niño, el ejército estadounidense le dio un trato inhumano. El soldado Damien Corsetti, que lo conoció en Bagram, da cuenta de esos abusos.
P.H.: --El de Omar es un drama y el de Corsetti también. Sin que justifiquemos lo que ha hecho, sentimos mucha compasión por él.
--En Afganistán lo apodaron “Monstruo” y “El rey de la tortura”.
P.H.: --Si bien torturó a mucha gente hay que ponerlo en su contexto. Se trata de un joven de 21 años. Con una ignorancia total lo envían a cumplir con una empresa terriblemente agresiva como la guerra, lejos de su casa, a uno de los países más pobres del planeta. Se instalan en el desierto, se sienten atacados de todos lados y, además, les lavan el cerebro diciéndoles: “Todos los que caigan en nuestras manos pudieron haber manejado los aviones que derribaron las Torres”.
“En algún momento tiene la inteligencia de decir: ‘No puedo torturar y pretender que eso represente un valor democrático, hay algo que no funciona aquí’. Entonces repasa lo que hizo. Hoy no duerme, tiene pesadillas o escucha gritos”, apunta Henríquez y afirma que Corsetti es “otra víctima de quienes deciden este tipo de intervenciones”. El soldado cuenta que Omar había llegado a Bagram con un agujero en el pecho “tan grande que se podía introducir una lata de cerveza”. En el video parece quebrarse cuando recuerda esa situación. “A pesar de que torturó a mucha gente, en ese ambiente tiene claro que no va a hacerlo con un niño”, sostiene Henríquez. Ante el posible rechazo a participar en la película, los cineastas le adelantaron a Corsetti que su testimonio se basaría en sus recuerdos sobre Omar. Pero se llevaron una sorpresa cuando viajaron a Washington para entrevistarlo. “Sin que le preguntáramos nada, comenzó a hablar sobre su trabajo en Bagram, Abu Ghraib y Guantánamo. Fue como una terapia”, estima Côté.
Previamente al rodaje de A usted no le gusta la verdad: 4 días en Guantánamo, la oposición de Canadá propuso que el joven fuese repatriado para que pudiera defenderse. El gobierno conservador, sin embargo, señaló que EE.UU., que lo acusaba por un crimen terrible, le había asegurado que no lo maltrataría. Por lo tanto, no intervino en el proceso judicial. El debate parlamentario se realizó en medio de una fuerte cobertura periodística del caso. “Los diarios más importantes mantuvieron la misma postura que la oposición: ‘Para saber si Khadr cometió o no un delito, necesitamos que sea juzgado por un sistema justo y legal, y Guantánamo no lo es’”, recuerda Henríquez. Sin la presencia de legisladores conservadores el parlamento canadiense asistió al estreno del documental en el recinto.
Dos años antes de su detención, el gobierno canadiense había sido anfitrión de la Conferencia Internacional sobre los Niños Afectados por la Guerra. Suscribió además a la Convención sobre los niños soldados (sólo Somalia y EE.UU. no lo hicieron). El texto advierte que un niño, aun cuando haya cometido un crimen durante una guerra, no puede ser enjuiciado sino que debe ser protegido por un programa de rehabilitación. “Canadá se preocupa por los niños en Sierra Leona pero sabe que es absolutamente posible que Omar haya sido torturado y no mueve un dedo”, lanza Henríquez. “La opinión pública mundial debe saber que ya no es más el país que promueve la paz y el diálogo para evitar conflictos. Se sumó a una cruzada ideológica de derecha terriblemente peligrosa” sentencia el realizador chileno.
Publicado en la edición de noviembre de la revista Caras y Caretas


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